Señal 1 — El proceso ya puede explicarse.
Un agente no corrige por sí solo una operación que nadie puede describir. Antes de autonomía necesitamos saber qué dispara el trabajo, qué decisión importa, qué excepción existe y qué salida es aceptable.
Señal 2 — Las fuentes tienen dueño.
Contexto no significa acceso total. Datos, documentos y sistemas deben tener fuentes identificadas, permisos y un criterio de vigencia.
Señal 3 — La autoridad puede separarse.
Observar, recomendar, preparar, ejecutar y aprobar son niveles distintos. Una empresa preparada puede decidir cuáles entrega al agente y cuáles conserva en personas o sistemas determinísticos.
Señal 4 — Existe una forma de verificar.
Hay que poder observar qué hizo el sistema, con qué contexto, qué resultado produjo y qué condición disparó una excepción.
Señal 5 — Existe salida segura.
Si no sabemos cómo detener, revertir, escalar o sustituir la ejecución, todavía no tenemos una capacidad gobernada.
Próxima decisión
Si estas condiciones son parciales, el siguiente paso no suele ser “instalar agentes”: es elegir un caso acotado y cerrar primero proceso, datos, autoridad y evidencia.